¿A dónde van los impuestos? Mixco colapsa mientras la promesa de “La Cuchilla” brilla por su ausencia.
HORAS EN EL TRÁFICO EN MIXCO

Mientras miles de conductores se tragan horas de fila todos los días para salir de Mixco, una pregunta retumba con más fuerza que las bocinas en la calzada San Juan: ¿qué se hace realmente con el dinero de los impuestos? La indignación vecinal volvió a subir de tono tras las recientes posturas de la administración de Neto Bran frente a la recaudación fiscal del IUSI, un tema que hizo crujir su imagen pública en las plataformas digitales. Y es que la molestia ya no es solo por el cobro en sí, sino por la aplastante falta de resultados palpables en las calles.
El descontento tiene un rostro muy concreto y se llama El Paso de La Cuchilla. Presentado en su momento con bombos y platillos como la solución definitiva para desahogar el infierno vehicular en uno de los puntos más críticos del municipio, el proyecto sigue siendo una gran incógnita. Lo que se vendió como un megaobra de infraestructura clave no ha pasado de ser un render vistoso y una promesa recurrente de campaña, dejando a los vecinos atrapados entre promesas incumplidas y una red vial municipal completamente deteriorada.
La contradicción no puede ser más evidente. Por un lado, la alcaldía demuestra una eficiencia quirúrgica para pelear recursos, fiscalizar cobros y amenazar con batallas legales si le tocan los ingresos municipales. Por el otro, esa misma agilidad desaparece por completo a la hora de ejecutar las obras de gran envergadura que Mixco exige a gritos. Para la población, el contraste es frustrante: los cobros llegan puntuales y sin falta, pero la maquinaria pesada para construir los pasos a desnivel prometidos simplemente no aparece.
En las calles y en los callejones del municipio, el ambiente ya no está para transmisiones pintorescas ni para excusas presupuestarias. La paciencia de los mixqueños se agotó al mismo ritmo en que crecieron las colas de vehículos. Mientras la comuna se atrincheras para defender las arcas públicas, los vecinos siguen pagando las consecuencias de una gestión donde la recaudación marcha sobre ruedas, pero las obras estructurales continúan totalmente paralizadas.